9_Melones en la madrugada

El carrito panchero del Chileno estaba abierto toda la noche. Era como un desfile de personajes, yo entré a laburar de noche en el carro,  cuando ascendí de changarín a panchero.

Hubo  un tiempo en el que todo el mundo quería descargar melones y sandías de noche. No sé por qué. Al menos en mi mundo. El Chileno ya no se la aguantaba toda la noche, y  prefería pasar a buscar la plata, hacer alguna movida y sentarse en un bar hasta quedar reloco, después lo pasaba a buscar y arreglábamos.

_ Guanchi, te falta plata.

_Chupala Chileno si te la has gastado toda en wiski.

_ Que culeao que sos Guachi ¿ cómo no me dijiste que esa era la plata de todo el día?

Tomábamos algo y nos íbamos haciendo zigzag en una pumita con motor sachs. Lo que extrañaba era descargar un semi de sandías y apartarme  la más grande, una gigante y llevármela a mi casa. Pero lo bueno ahora era que cada uno que venía te contaba una historia, algún momento de gloria, una virtud, o la suerte encontrada en una jugada perdida, era como ver tele en vivo. Estaba el gordo cabaretero, que no se lamentaba por  lo perdido y decía:_ Mirá el infeliz ése con toda la guita que tuvo ( refiriéndose a uno que tenía una flota de camiones),  a la final para qué, si cuando lo agarró la inflación se cagó muriendo de un infarto yo al menos me la gasté en las minas pero no me quejo.  Gran parte eran del Gran  Chaparral que era una villa famosa, había uno que le gustaba contar como se cogía su mujer, y así pasábamos las horas sin más ni más. Había cierta armonía en todo, era como un punto de encuentro para la libre expresión y mis  sanguches eran los mejores del mercado, los hacía bien super les ponía de todo porque yo sabía lo que era descargar un equipo durante cuatro horas.  Había uno que no estaba bien de la cabeza, y con temor narraba tan bien  su historia que siempre la escuchaba con entusiasmo. Decía que un día fue a cortar lechuga, y después se quedó en la chacra a dormir, y pasaba el tiempo y él seguía acostado, sin ganas de levantarse, porque le había agarrado la pereza, y que eso era lo peor que te puede pasar en la vida, porque cuando te agarra la pereza no te suelta más y perdés el sentido de los días, de la higiene, de todo ni siquiera me acordaba la cara de mi madre. Decía llorando. Por las mañanas tenía barro encima mío y sapos y a la siesta se venían las víboras a mi panza, sabes lo que es eso, sabés el olor que tenía, tenía hongos en todo el cuerpo, en las axilas, los pies se me despellejaban  y tenían olor a  podrido. Hasta que vino  mi patrón y me salvó, me dio ropa, remedios, comida, me llevó a su casa hasta una colonia me regaló y así se me fue la pereza. Pero nunca se sabe cuando te vuelve.

A mí me hacía acordar al “Sucio” de los cantos de Maldoror. El que más me sorprendió de todos  fue uno que estuvo en Malvinas, dice que fue terrible, que no entendían nada, no se sabía nada, ni por dónde iban a entrar, ni cuándo ni cómo,  y que lo más probable era que te murieras de frío. Así hablaba mirando al vacío: – me tocó hacer guardia con un correntino en el techo de los hangares donde guardábamos las armas, y vimos un grupo, un pelotón de soldados que se acercaba sin banderas, sin ninguna identificación, no nos habían informado que alguien vendría, y cada vez se acercaban más. Le digo al correntino-¿Qué hacemos?- Y no sé. Me dice. Si son y disparan primero, vamos a volar todos a la mierda,  bueno carguemos esta gúevada  y esperemos un poco. ¿ Y si no son? Si no son podemos desviar el proyectil, pero si son vamos a volar todos a la mierda y cargamos y esperamos alguna señal  y nada, y nunca mostraron nada y disparamos nomás,  pero no pudimos desviar el proyectil y se las pusimos al medio. Después fuimos a ver pero no había nada, ni rastros siquiera habíamos dejado del bombazo que le pusimos, fue muy raro porque no había nada ni una pierna , ni un brazo nada. Había como un pozo y pedacitos de papel picado y nunca supimos hasta el día de hoy si eran ingleses o argentinos.

Esa época pasó como todo, el Chileno se murió hace poco.

Pero nunca se sabe cuando hay que volver a descargar melones en la madrugada.

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