6_P.C. Partida de campeones

Era la primera vez que iba a ir a una reunión del partido comunista. Me peiné frente al espejo y salí. Fui el primero en llegar. Me senté a esperar y Dorita me dice: – Vos en vez de leer la prensa deberías leer historietas- A mí me gustaba Gilgamesh el inmortal, pero antes de salir le di una mirada al periódico del partido pero no entendí nada. Al rato llega Pablito, estudiante universitario muy querido en el grupo, activista de base, lector de Cortázar y había entrado tres veces segundo en los libres. Después llegó Jorge estudiante de medicina, bici de ruta blanca palanca de fierro,  corrió en la federación un tiempo y después  se dedicó a estudiar, un ejemplo total de que se podía. Cuando se recibió dijo que si no se iba a otro lugar, estaría toda la vida manejando una ambulancia. En eso llega Manuel el gran camionero, tenía un camión gigante y siempre que pasaba por su casa vendiendo mandarinas, él me regalaba algo para la pistera  azul que me estaba armando. Era un tipazo. El último en llegar es el turco, en una Unión rural fea de pintura pero buen motor, habían estado hablando de él un momento antes, decían que al menos la actitud de querer cambiar las cosas,  servían para que personas como él se dedicaran a estudiar de grandes.

A mí me parecía increíble estar con el que había sido  cuatro veces campeón de pista y dos o tres veces de ruta, un capo. Después yo usaría unos tubos  que él ya no usaba y los imaginaba en el cruce de Los Andes y ahora relucirían en mi flamante Pistera Azul.

La reunión la precedía el Jorge, que nos presentó con entusiasmo y gracia, porque éramos pocos. Huguito llegó como siempre tarde, y cuando nadie lo veía hacía caras o cruzaba los ojos.  Empezaron hablando justamente de que se debía ser más claro en la prensa, porque un obrero no podía entender nada con ese lenguaje. Manuel dice -Si, se entiende menos que diario  mojado-  La reunión siguió adelante, yo seguía concentrado mirando la mesa y el Huguito sacaba la lengua para un costado sin que  nadie lo viera. Yo imaginaba la cara del Che sacando la lengua para un costado, pero nunca he visto una foto así del Che.  Cuando de repente el Jorge dice: – Bueno, es un honor compartir esta reunión con un nuevo compañero y todos me miraron. Yo no podía creer estar con esos mostros y que me consideraran de ese modo. Me sentí un tipo importante. Manuel a modo de acompañarme en el escalofrío me dice – Hermano algún día cuando las cosas cambien no va a ser falta trabajar tanto para comprar una bici.

Después  siguieron hablando de que el Che fue una persona de convicciones firmes,  y que había tenido mucho huevo para hacer lo que hizo y luchar de esa forma.

Finalmente  cada uno se fue a su casa. Cuando llegué a mi casa, entré como loco y le dije a todos: – De ahora en más  yo soy marxista, ateo y guevarista. – Se quedaron mirándome. Mi papá mueve la cabeza -Lo único que faltaba- dice y sin esperar respuestas me fui a mi cama a imaginar la juntada del martes a las ocho para pintar la pared larga de la calle Gomensoro con letras gigantes que iban a decir REVOLUCIÓN.

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