5_Feria

Hicimos una sociedad, éramos tres, queríamos hacer una moneda y decidimos ir a la feria bien temprano a ver que había. Tenemos un triciclo de reparto azul con caja de madera y guardabarros plateados.  Le inflamos las ruedas y le echamos aceite a la cadena.  Al otro día partimos con la fresca. Ir al volante era lo mejor, porque iba sin pedalear  con los pies en la caja, otro iba sentado adelante y el de atrás se sentaba en el guardabarro para pedalear.  Toda una empresa.

En la cancha antes de entrar a la feria, hicimos colear el triciclo con el freno a pedal y probamos a ver quién andaba más en dos ruedas, pero no andamos bien de cubiertas, antes de salir le envolvimos un pedazo de cámara a la rueda izquierda.  En la feria estacionamos y  nos internamos en los pasillos donde todo era despabilación,  distracción, olores y sensación de frescura.  El verdeo es sabia, los cítricos brillo, las manzanas  el  lujo del color, y nosotros éramos los boluditos nuevos que no sabían qué hacer.  Se nos iba la mañana y seguíamos preguntando precios  sacando cuentas y  llamando al cafetero. No nos quedaban muchas opciones porque no teníamos balanza, y eso nos limitaba. Era la temporada de la mandarina y conseguimos una criolla a mitad de precio,  la probamos y caímos, compramos cuatros cajones y salimos,  la llevamos al triciclo y nos pusimos a contar y a  revisar.  No estábamos muy conformes, abajo venían chicas y más abajo todas podridas, el último cajón ni lo tocamos, juntamos todo y nos fuimos. Al menos si las largábamos baratas, salvábamos la plata y nos sacábamos el clavo de encima, pero no estábamos muy seguros de salir bien de esa. Lo bueno era que no parábamos de comer mandarinas, y de hacer puntería a lo que viniera con mandarinas podridas. De nuevo en el volante, pero esta vez cargado. Pasamos entre medio de camionetas cargadas con verduras, en un tráfico que generaba la sensación de encontrarse uno entre colegas, y aspirar con un poco de tiempo y esfuerzo a tomar un café mientras todas las  compras estén resueltas de antemano, y ser conocidos en cualquiera de los cinco galpones de la feria, incluso hasta tener una cuenta corriente. Eso nos animó y encaramos la calle una vez por todas. Esa mañana, sabíamos, iba a ser larguísima. Agarramos bastante  envión en la salida, después venía una bajada que había que darle fuerte para llegar arriba con lo justo, y no tener que empujar. Nadie a la derecha, nadie a la izquierda, y me descolgué en la bajada a fondo, antes que empiece la subida, saco los pies de los pedales  para ser  reemplazado por mi copiloto, sólo que cuando bajo la cabeza para ver si  mi socio ya estaba pedaleando, siento que el carro se me va contra el cordón, le pego el volantazo para evitarlo,  el carro se levanta del lado de la rueda mala, y nos damos vuelta.

Mandarinas ruedan calle abajo.

Ataque de risas.

Carro volcado.

Rueda girando como una ruleta descontrolada,

que en su carrera loca te dice:

_ Tranquilo pibe hoy no te toca_

y la suerte larga una carcajada.

Un Commento

  1. Pingback: Feria | No metric_ Ramiro Tapiz

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