3_El pulmón

En un galpón muy grande en donde casi no entraba el sol, colgado de un gancho mocho y sin cromo  se balanceaba un pulmón. Sostenía su peso una orqueta  traqueal, con anillos de cartílagos donde asomaba el gancho por una incisión. Estaba a la sombra pero hacía mucho calor, era rojo crema y el aire al secarlo lo convertía en marrón. Entró alguien en silencio, cerró el portón, y se acercó con cautela hasta enfrente del  pulmón. Unas moscas volaron, a otras  no les causó impresión- Viciosas chupadoras- pensó. No me tienen miedo la puta que las parió.- ¿Por qué me desafían las negras y las verdes no?-  Hizo unos pasos atrás, de un bolsillo sacó unos guantes, le calzaron a la perfección, y un elástico negro que sujetó apuntando con una mano y con la otra lo estiró. Resistiendo un momento, se mordió los labios y disparó. Las moscas reventaban,  caían, pero a él le interesaba el pulmón, que se columpiaba y cada vez que volvía lo escuchaba mejor. Sonaba un golpe seco, tosco y hueco sin expansión. Su costra seca de a poco se trizó, excitando aún más al niño, que de un movimiento sacó un cuchillo y de un golpe se lo enterró.  El pulmón quedó fijo, el contuvo la respiración,  y  apretando la empuñadura de una brazada lo rajó en dos.  Cavernosidades y arbolitos  exhalaron un olor no menos espeso que la viscosa emulsión que chorreaba fuera de sus vías y canales de irrigación. Se encontró ahogado, exhausto pero lo alentaba el tronar de un griterío  en su interior. Juntó todas sus fuerzas y de  una  última embestida lo derribó. La amorfa masa al desmoronarse cayó con un mínimo de suspensión. Como dormido se sacaba los guantes absorto en la contemplación,  parecía desolado, tenía gestos de insatisfacción. Pero en vano no quedaba nada del pulmón.

 

Un reniego inaudible de repente entró- Qué te dije mirate la remera, mirá  el pantalón, te dije que no salieras- le gritó. EL levantó lo mirada, pero el cachetazo la apagó. Conmocionado buscó a tientas el cuchillo, pero no lo encontró. Dio con la tráquea partida y se entregó. Se lo llevaron a empujones. El sol le dió en la cara,  ya casi  cruzaba el portón.

 

La luz, la tráquea, el cuchillo.  Pensó.

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