15_Xeneize

El  veintiuno de marzo de dos mil siete a las  veintiuna treinta, terminé de hacer el chek in en el aeropuerto de Ezeiza de la ciudad de Buenos Aires.  Una hora después estaba  a bordo del  boin 747 de Aerolíneas  rumbo al aeropuerto Fiumicino de Roma. Mi objetivo era meter doscientos libros de contrabando con el propósito de venderlos y así pagar el pasaje.

La vocecita de la azafata era encantadora.- Sres. y Sras. Bienvenidos al vuelo  ciento veintiuno de nuestra compañía, en nombre del Capitán y su tripulación de abordo le deseamos un feliz viaje. Estaremos volando a una velocidad crucero de mil kilómetros por hora a diez mil metros de altura-

Después me quedé pensando en una inscripción que leí en el aeropuerto de Ezeiza que dice: “En caso de Revolución lo primero en tomar serán los aeropuertos”  Así sea pensé, y ojalá que ese día no falten pilotos, porque de nada sirve tomar un aeropuerto si nadie sabe manejar un avión. ¿No?

Si yo tuviera un avión lo pintaría de amarillo cromo, y le pondría Bichobolita en negro con letras grandes. Sería un pop- jet, con el que viajaría con mis amigos para presentar nuestras fabulosas creaciones literarias. Después de todo como ya se sabe “el arte es una empresa burguesa y capitalista, que  opera en el fetichismo de la  comodidad y la explotación comercial.  Es un  concepto cerrado y autogratificante que opera solo dentro de las limitaciones de su propio discurso”. Creo que lo dijo Andy Warholl no estoy seguro. Si era así o no, no me importaba.  Lo único que sabía hasta ese momento era que mi pequeña empresa funcionaba de maravillas. Había escrito el libro, le imprimí las tapas en serigrafía, lo encuaderné y en ese momento  viajaban en la bodega del avión,  muy chochos y campantes.  Al otro día aterrizamos en Roma, ya era de día. Un momento antes pude ver el mar por la ventanilla, un momento después caigo en una redada de   tránsito internacional, junto a doce argentinos, nada más peligroso para el mundo que doce  argentinos en una aduana.

_ Buongiorno, passaporto per favore_

Las  cosas se complicaron. Es increíble con la facilidad que sucede. Pasé toda la noche en el hall del aeropuerto mirando el motor de una Ferrari.   Una verdadera obra de arte. Por la mañana la jefa de policía me dice que el motivo de mi viaje no tiene garantías, que lo siente mucho pero debo regresar. Le dije -Señorita no se debe disculpar no es su culpa, el amor tampoco tiene garantías pero puede llevar una  vida darse cuenta. – Ella sonríe, se disculpa, me da el pasaporte y me acompaña a otro avión en el que regresé a  Buenos Aires.

Que estúpidos empleados aduaneros. Pensé. Creen que mi estado de ánimo va a declinar sólo porque no me dejen entrar a su país y pierda mil quinientos dólares. Se puede perder dinero, pero nunca el estilo. Pensé.

En el vuelo de regreso dormí  todo el viaje. Me desperté pensando cuáles eran las  ventajas de la fibra de carbono en el motor de la Ferrari, mientras la cancha de Boca me daba la bienvenida.

A la semana tomé otro vuelo de Santiago de Chile a Madrid en tránsito a Milano. Por la mañana  terminé de hacer el chek in. El vuelo tenía cuatro horas de retraso, y la compañía  ofrecía un almuerzo en el restaurante del aeropuerto. Esperé que trajeran mi  comida y ordené un vino, después agarré el vino, el vaso, el plato y me  trasladé a una mesa donde una chica taciturna miraba hacia afuera,  a la que interrogué de inmediato.

_ Señorita, disculpe ¿le puedo hacer una pregunta? ¿Usted cree que las valijas que están apiladas en el hall, están sujetas de algún modo?

_ No lo sé_ dice desinteresadamente.

_ ¿No se  irán a caer?

_ No lo sé_ dice riéndose.

 

Nos presentamos, almorzamos,  y nos aburrimos. Después fui a dar una vuelta por la ciudad, ella fue a ver si se podía robar la señal de internet de alguna parte y no la volví a ver más.

En la ciudad entré a una casa de instrumentos y pregunté cuánto costaba la Pearl  más bonita que jamás había visto.

– Cuesta mil quinientos dólares Señor-. El destino me estaba jugando una pasada. Pero no se la va a llevar de arriba. Pensé.

Finalmente el avión despegó, y al otro día aterrizamos en el Barajas, y como no quería  pisar aeropuertos italianos, salí a la calle paré un taxi y me fui.  – A las puertas de sol, por favor_ El taxista era  hincha del Atlético de Madrid,  yo le dije que era de Independiente de Avellaneda y él se puso contento, porque decía que Agüero ( el yerno del Diego) era un jugadorazo y el Atlético ese año tenía posibilidades de salir campeón. Hasta me hizo un descuento y me regaló diez pesos para que cuando regresara, me tomara una cerveza a su salud.

Diez días después tomo un tren de Barcelona a Milano y vendo mi primer libro a mi compañera de asiento. EL libro se llama “Niples” y en la contratapa tiene una inscripción que dice “attenti al cane”. Ella se llama Fiorella y es de Génova.

_ Sos  xeneize_ fue lo primero que le dije.

_ ¿Cómo sabes que se dice así? Preguntó sorprendida.

_ Ahh… es un secreto. Respondí.

El tren hizo una escala en Montepernasse. Nos despedimos, y no la volví a ver más. Fui a dar una vuelta por la ciudad, quería tomar una cerveza en la Torre Eiffel. Por el camino me invadió un viejo tema de la Sobrecarga.

 

“ … Ohh… París, no sé… no sé… lo que quiero, tan solo, tan solo busco una forma…”

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