13_Cuando te toca te toca

Bien podría haber sido una publicidad. Su carita de nena caliente se perdía y volvía a aparecer entre la gente. Es increíble la sagacidad que  tienen las chicas cuando quieren lograr algo. La saludo,  advierto control y distancia en su mirada.

La gente se acomoda el micro arranca. Es semana santa, en otros tiempos los huevos de chocolate corrían y los corazones se abrían. Ahora voy a trabajar, hace frío, hace lluvia.  Tengo ganas de tomar un avión y  empezar todo de cero. Por arte de magia ella está sentada a mi lado y se ríe. Dice_ Uhh… menos mal que  se fue_ Se refería a su ex novio. Seguramente mi exchica habrá dicho lo mismo de mí alguna vez. Pensé. Pero las cosas son así, cuando te toca te toca, sin más ni más. Nos quedamos en silencio y a ella se le corre una lágrima. ¿Para qué vino a sentarse aquí, para llorar? Que arbitrariedad. Pensé.  Así es que yo también me tomé mi tiempo para seleccionar una de mis inconexidades preferidas. Creo que hablar boludeces hace bien. Es un síntoma de congénita despreocupación, un reflejo de armonía, porque naturalmente la atención se concentraría en problemas realmente serios si los tuviera, pero el único problema que tenía en ese momento, era que yo no tenía la necesidad de viajar con una llorona, y he pagado el boleto igual que todos. Entonces le dije: -Te dejo llorar tranquila, yo me rajo pal fondo- Ella reacciona- No, es que… -Y antes de que empiece el discurso de los siete años, le digo- Es que en estos casos no sé qué hacer. No entiendo cuando la gente llora, por qué, de qué, cuánta tristeza hay que tener para llorar.

_ Los hombres también lloran_ Dice.

_ No es eso, lo que pasa es que no puedo llorar, no me vienen ganas. No sé, será como el bolero “quiero llorar y no puedo”. La verdad es que hace unos años tuve un accidente en bici, me caí a  ochenta kilómetros por hora, y me pegué en la cabeza. Me podría haber matado pero no me pasó nada. Sólo me acuerdo que la bici se corrió, después vi el cielo y finalmente el neurólogo dijo que estaba bien, sólo que no iba a poder llorar más, porque el impacto había bloqueado algo en mi cabeza y ya no podía emitir ni recibir la orden de llorar en mi cerebro. Por eso no puedo evaluar por qué llora una mujer, si es porque está un poco triste, muy triste o simplemente tiene ganas de llorar. También hay chicas que lloran en el orgasmo. En realidad creo que las chicas lloran por todo. ¿No? – Que tonto-  dice riéndose.

En su casa cenamos, me mostró sus instrumentos, tenía un violín y una flauta traversa. Había un sofá, y mientras sube las escaleras a su dormitorio me dice – Elegí,  podes dormir ahí  o conmigo. –

 

¡Que golazo! Pensé primero.

¡Que jugada! Pensé después.

Y como en una tribuna que tiembla, siento el festejo de monos enloquecidos, y las blancanieves gritando como locas. De donde viene esa jugada. ¿Quién la provoca?

 

O será que hay días y días y cuando te toca te toca.

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