11_Choche

“Cuando me quedé sin nada que hacer,  y unas pocas  monedas en mis bolsillos  dejé la ciudad y me fui a la  montaña. Así  como Pantani   ganó  el   tour de France  haciendo tantos  aspaventos,  yo  sólo  agarré  una  descangallada  bicicleta y me fui a la montaña. En  busca de placeres que  estaban  tanto en la realidad como en la ficción, a través de la noche  iluminada.”

Al inicio traté  de  ordenar una  biblioteca destartalada que  había en   una estación de tren. El  tren trasandino  fue uno  de los  trenes más  bonitos del  mundo.  Unía  dos  océanos  cruzando la  cordillera, desde  Buenos  Aires  a Santiago. Pero  Menem lo  vendió porque  decía que daba pérdidas.  Menem al revés se  lee  igual. Como   no le  vendió el alma  al  diablo en vez de  vender  ese  tren.  De hecho  no era  un presidente, era  un  palíndromo.  No  soporto a los peronistas,  en realidad  los  fanáticos de todo tipo me dan asco. El problema de la Argentina  son los peronistas y el problema del  mundo son los  fanáticos.

A veces me quedaba  a dormir  en la estación,  por las noches  me levantaba a caminar por la  biblioteca  a  oscuras. Abría los  brazos  y dejaba  correr los libros por la yema de los dedos. Como siempre  me  gustaron los  libros  grandes de ediciones majestuosas con ilustraciones misteriosas,  me  detuve en uno  que  tenía las letras bajo relieve, no podía  verlas pero imaginé  que eran doradas,  y estaba  forrado en cuero, con la izquierda toqué la  Q y con la otra  repasé la encuadernación a media  caña. Lo  abrí  y le hundí la  nariz  hasta el  fondo,  donde vive el hongo,  y con las  dos tapas me tapé los oídos. Después imaginé un caballo que  dormía con los ojos  cerrados,  pero la verdad es que nunca  he  visto  un caballo con los  ojos  cerrados.

Los fines de  semana con los  chicos del lugar íbamos a vender  dulces  caseros, pororó, pulseritas  y  hierbas medicinales a la  gente que  iba  a pasar  el  fin de semana  a la  montaña. Estaba  bueno, en la semana nos aprendíamos algo de memoria, recortábamos poesías,  le agregábamos cosas  nuestras, mezclábamos los autores  y salíamos  en busca de público  y de dinero. No era  fácil, la sensación  de  la  gente de  volver a  asaltar los  supermercados  en la crisis  aún  estaba presente. Pero  yo sabía que  el que  iba a la montaña  era porque tenía un auto con nafta. Íbamos el  Nahuel,  Pedrito  y yo  repasando los poemas, bien nerviosos, bien contentos… “Este  camino ya nadie lo  recorre salvo el  crepúsculo”. –Tenés que  hacer   una pausa cuando decís recorre- Este camino  ya   nadie lo  recorre.   Salvo el  crepúsculo. Bueno, pero más  fuerte  broder así no  vamos a vender nada, tenés que estar convencido de lo que decís, dale,  sin miedo… _  “ Hay  golpes en la  vida  tan fuertes,  yo no sé” –  Hasta ahí  ahora entrás  vos- “ fuertes como el odio de  Dios…”-  buena  broder  ya tenemos el poder.  Vamos.

-Allá…- dice el Pedro- Allá siempre  van, porque hay una playita. Cada vez había  más  playitas, y el  agua de un dique  que amenazaba con tapar la biblioteca,  seguía  subiendo. El plan  era el  siguiente, ser  educados  y mostrar compromiso con lo que  estábamos  haciendo, y no darles   opción a elegir  si querían escuchar  poesía  o no. Yo  arrancaba- Buenas  tardes, somos de la  biblioteca popular Armando Tejada Gómez, y hemos hecho una selección de poemas para ustedes-.  Pedrito da un paso adelante, se presenta, le hago un gesto de aprobación y arranca. Yo no lo miro para que no se ponga nervioso. Miro a la  gente para que se callen y escuchen. Después le toca al Nahuel, temblando rojísimo. Hago lo mismo, al  último leo yo. – “… si me dieran a elegir un agua, no elegiría la de este dique, prefiero la  de la charca negra y fría, hacia donde en un crepúsculo embalsamado…”-  Después  citaba a los  autores, felicitaba a los  chicos con un saludo  gansta y nuestros productos se  vendían  sólos, hasta picábamos del asadito con ellos y nos despedíamos para ir en busca de nuevas víctimas de la poesía.

Finalmente el agua nos llegó al cuello. No pudimos hacer nada. En invierno la  gente dejó de ir a la montaña. Hablé con el intendente de ése lugar, el Sr. Demarchi, que era demócrata, y le dije que necesitaba al menos un   subsidio, o una caja con mercadería o lo que  fuera.  Me dijo si era casado. Le dije si tenía que casarme  para que el  gobierno reconociera que a una  biblioteca de  montaña le  hacía  falta un bibliotecario. Me dijo que de  otro modo el no podía hacer nada. Le dije que si no podía  hacer nada él que era el intendente,  entonces de qué estábamos hablando, y seguí  acomodando libros. Es  increíble  el  carisma que  tiene esta gente antes de las elecciones. Pareciera que  realmente van a cambiar el destino de una nación en aras del  progreso, la educación y la  cultura, para que las próximas  generaciones puedan disfrutar de un país libre  y en  desarrollo.  Pero ya  se sabe que el poder es pornográfico. Había chicos que nunca habían ido  a la ciudad ni al cine, en ese pueblo dos o tres  iban a la universidad, estaban destinados a ser marginales.  Cómo  tiene que hacer un chico cuando termina la secundaria, para seguir estudiando si no  tiene  ni para el micro, menos  va a tener para llevar una  vida de  estudiante. A los  quince ya empezaban a  tomar cerveza en el almacén del pueblo  y las  chicas a los  dieciséis ya estaban embarazadas. Encima el  dique los había dejado sin trabajo a todos y el  gran hotel de Potrerillos estaba cerrado. Este  tipo  tenía  toda  Siberia en la  mirada y después se postuló en las próximas  elecciones, en la que seguramente gastó un montón de  dinero en esos carteles gigantes para  la campaña electoral. En esos días  dejé la  biblioteca porque  pensé  -¿Cómo  voy a  ayudar a otros si no estoy  bien yo? ¿No?  Y no me quedó más que dejar la  biblioteca y  tratar de hacer algo. Fui a parar al lado del río en una  base de rafting.

Allí lo conocí al Choche. Él es un  peruano re peruano, su nombre quiere decir amigo. El me dijo- Te vienes a trabajar con nosotros weeoonn… a qué  vas a volver a la ciudad,  hablas  con el jefe y te vas a vivir a la cabañita de madera weeoonn…- Así hice, el lugar estaba rodeado de montañas  y había un puente que cruzaba el río. En invierno pasaba días sin ver a nadie, no había luz ni agua, pero aprendí  que estar solo te hace sentir más fuerte. Una  noche el Choche, de este modo me cuenta su historia: – un día  weeoonn… ahh… me cansé  weeoonn…y fui al aeropuerto y le dije a la chica que atendía- Señorita  quiero un pasaje a cualquier lado- y la chica me dice- ¿Dónde quiere viajar?- A  cualquier lado, me das un pasaje del primer avión que salga y listo. Pero la chica me miraba y no entendía  weeoonn… y llamó a los de seguridad, ahh…y me llevaron abajo a una piecita y me hicieron preguntas weeoonn yo sólo les decía que no tenía nada, que quería viajar a cualquier lugar que se pudiera trabajar nada más y les muestro mi dinero weeoonn…- Ya  vete- me dicen, y otra vez la chica-el próximo vuelo es a Buenos Aires- y me fui solito. Así llegué a la Argentina weeoonn y trabajé en cocina. No sabes que manera de trabajar weeoonn…  ahh… toda la noche. Cuando salí un día me fui caminando a mi casa, y vienen dos,  uno tenía un revolver y dice- dame la plata- yo le digo es que no tengo, sólo tengo veinte pesos no tengo más  weeoonn y se los doy y dice- me das las zapatillas- y yo eran las únicas que tenía  y las había comprado hacía poco, estaban nuevecitas weeoonn y me disparó el conchasumadre en mi dedito pequeño. No sabes que dolor weeoonn ya vete me dice o te mato. Así me fui renguito pa mi casa, y en la otra cuadra viene otro, – y le digo qué quieres weeoonn – la plata qué voy a querer estúpido,  ¿ no ves que es un asalto?-  es que ya me asaltaron recién- y creyó que le estaba gastando y me dio un golpe en la cara y se fue. Yo seguí caminado con mi dedito pequeño que me sangraba, golpeado  y sin dinero weeoonn más encima  sale de su casa a la vereda, yo creí que me quería ayudar ¿viste?  pero dice – Hey ven aquí dame la plata. Ahh… ¿ No ves cómo estoy, que ya me han robado todo?  Le digo, y  me  metió una  cachetada y lo que vio que yo tenía sangre se asustó y se fue. Yo estaba lejos de mi casa weeoonn  y seguí como pude hasta que llegué, y después de ese día no fui más a trabajar  y me vine a Mendoza. Empecé  en un restorante , en cocina también. Allí estaba bien, ganaba bastante y tenía auto. Eran buenos conmigo, y un día para navidad, fui a la casa de un amigo pero no quería ir en el auto para no tener un accidente y me fui en la bici, no quería ir pero dije voy y listo. Así, agarré mi bici y me fui viste. No tomamos mucho, estuvimos ahí y yo tenía sueño y bueno saludé a todos y me  fui a mi casa. Cuando iba por la calle esa larga ¿conoces? Venía   un auto de frente, y me encegueció con las luces y me fui para la orilla y la bici se corrió por la acequia y me hice bosta weeoonn… no sabés como quedé, tenía después todo esto de la cara con una costra y mi ojo quedó chiquito  weeoonn y lo que era como un mostro entonces no fui más a trabajar y me fui a la montaña. En la terminal tuve que dejar mi conejito blanco que era mío, y lo  solté en el pasto y se quedó allí y yo desde el micro lo saludaba weeoonn…

Esa  noche nos tomamos trece cervezas y seguíamos hablando. Me contó cuando vio desbarrancarse un camión con vacas  y el fue a ver pero no podía hacer nada,  y las vacas media degolladas lo miraban con los ojos salidos. Dice que a  veces, todavía  sueña con los ojos de las vacas. Después nos quedamos callados, me  mira  a los ojos y dice:

_ Ahh… sabes…ahh…weeoonn…por dentro siento no sabes weeoonn… como agarraría un culeao del cuello y le rompería weeoonn…

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