10_Ni los chocos ladraron

Es un sábado a la noche, estoy mirando la pelea y me fumo un cigarrillo. Fumando un cigarrillo miro la pelea un sábado a la noche y me siento  muy bien.

Estaba viendo la pelea,  de Muhammed Alí contra George Foreman. Alí iba en busca del cinturón para reconquistar el  título de campeón de los pesos máximos, venía de  una suspensión  por no querer pronunciar su nombre que era Cassius Cley,   porque decía que era  un nombre de esclavos, y por no ir  a Vietnam porque decía que él no tenía enemigos en Vietnam, y no tenía porque ir a matar  chinos o lo que fuera, que sus enemigos estaban en la prensa y en el estado que no lo dejaban ser libre. Cuando se desmoronó Foreman , Alí pasó  a la historia. Sin lugar a dudas la pelea más esperada del siglo XX. El documental termina con imágenes de Alí  corriendo con los niños en África, los grafitis en la calle dicen  “ bumbaye”.

Después abrí la heladera, saqué una cerveza y me hice un sanguche de jamón y queso, y cambié de canal, estaban pasando un video de los New Order ( blue monday). Tuve la sensación de que entre todos los artefactos que habían enchufado se paseaba aún el fantasma de Ian Curtis.

Hubo un tiempo en que todos los cassettes servían, todas las decks abrían, y el Leo y el Pailón tenían una despensa en el centro. Siempre había gente, era un lugar estratégico para obtener información de los últimos recitales y nos sentábamos al borde de la acequia a escuchar música con mortadela  pan y cerveza. En la despensa se podía escuchar Joy División todas las veces que quisieras, a la tarde ponían Don Cornelio, Sumo,The Selecter y a la noche The Cure, Television, Pixies, Sonic Youth. Por la mañana sólo se escuchaba Cocteau Twins. Había un público de amigos para cada hora del día, y estaban los que se quedaban todo el día. Atrás la despensa tenía una piecita con un baño y una cucheta. El error fue que nos empezamos a quedar a dormir y a llevar a alguna amiguita a tomar  cerveza. Fue la única despensa rocker que he conocido. Un día cerró porque el perfil de mortadela, birra y rockandroll no tenía garantías.

En ésos días hacía un grafiti  que se  llamaba “ojos de terciopelo”, daba vueltas toda la noche en la ciudad con aerosol y poesía  para un público de sonámbulos y putas. Me gustaba rallar la  escuela de arte cada vez que la pintaban. El Leo iba a esa escuela, tenía un cuaderno con dibujos y le copié uno que era así:

pezpatoamor

      PEZ                                               PATO                                            AMOR

Y lo pinté en la pared, todos creyeron que había sido él y yo jugaba un papel de misterioso y nocturno, en escenas donde era el director de mis propios atentados.

Una  noche de garúa me lo encuentro al Pailón que salía de trabajar de un bar, el había cobrado y fuimos a dar una vuelta. Fuimos a la escuela a ver los grafitis, había hecho dos nuevos que decían:

“… DE MENDIGOS, BUHOS Y DIAMANTES…”

“… SE FIEL HASTA LA MUERTE. (apocalipsis 2.10)

EL 38 ESTÁ CARGADO”

En Mendoza no habían muchos grafitis, estaban los Miguelitos que eran socialistas y los Espermas. De Buenos Aires llegaban noticias de los Vergara que habían rallado el Obelisco por primera vez. Así decían.

Abrimos la ginebra y nos quedamos hablando de chicas y música, él tocaba la viola en una banda que se llamaba  Cuatro  Palos que duró poco. Así se nos iba la noche sentados en el parque sicológico mirando los grafitis y recontando viejas historias. Una vez, dice que estaban tan locos que se  robaron una cubierta de camión gigantesca que decía gomería, y se fueron cantando y pechando la rueda hasta su casa y la guardaron en el patio, pero al otro día no sabían que hacer con semejante rueda,  y la devolvieron a la gomería.

Después como en una visión, me dice que se imagina el universo como una esfera luminosa, donde todos ocupamos un lugar en el cosmos y que a cada uno le corresponde un punto que emite una luz hasta donde vos estas. Pero que él no coincidía con ninguno de esos puntos.

Yo le conté que iba a rayar  la iglesia que está en frente de la escuela de música para robarle una sonrisa a la chica de la que estaba  perdidamente enamorado. Igual que en la publicidad de “Paty te quiero”. Después,  tiró la botella bien alto y nos quedamos mirando como daba vueltas en el aire como en cámara lenta, mezclándose con el brillo de la llovizna y la luz de mercurio hasta que estalló en el asfalto.

No había nadie en la calle esa noche.  Ni los chocos ladraron.

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